TRUCOS PARA UN CABELLO SANO
El cabello es de gran importancia para proteger nuestro cuero cabelludo de los cambios de temperatura, rayos uva, golpes, rozaduras y mejorar la temperatura corporal. Por eso, hoy veremos algunos trucos para tener el cabello sano:
- UN BUEN CEPILLADO. El cómo, cuándo y con qué del cepillado son cuestiones fundamentales para lucir un cabello sano y bonito. De ahí que se recomiende con devoción cepillar el cabello todas las noches entre 10 y 20 pasadas, dependiendo del grosor del pelo, explica. ¿Los motivos? El cepillado exfolia el cuero cabelludo, elimina restos de productos, estimula la circulación sanguínea, favorece su crecimiento y potencia su brillo. Gracias al cepillado se eliminan los cabellos en fase telógena (en proceso de caída) dando paso al cabello en fase anágena (el momento del nacimiento del cabello).
- ANTES DE LAVAR. Otro gesto que ayuda (y mucho) a mantener la salud de tu melena es cepillar el cabello no sólo por la noche, sino también antes de lavarlo. Así evitas que se enrede en mojado, deshaces nudos que podrían dificultar la penetración del champú y facilitas también el posterior desenredado (precisamente cuando el cabello está húmedo se encuentra en su estado de mayor debilidad y con mayor tendencia a sufrir rotura).
- LA TEMPERATURA DEL AGUA. Que levante la mano quién no haya oído (más de una vez) lo bueno que es para el cabello hacer el último aclarado con agua fría. Y aunque este gesto es más que recomendable y cierto (el agua fría estimula la circulación sanguínea y cierra la cutícula, lo que se traduce en un cabello más brillante) también es importante la temperatura del agua con la que haces todo el lavado. Y aunque no es necesario que todo el lavado se haga con fría, sí lo es que esté tibia ya que la fría no disuelve la grasa y el agua caliente daña el cabello.
- NO FROTAR (POR FAVOR). Aunque es una creencia generalizada (la de frotar el cabello vivamente creyendo que cuanta más espuma, más eficaz será el lavado) es errónea y contraproducente. ¿Los motivos? Frotando el cuero cabelludo activarás las glándulas sebáceas y se producirá un efecto rebote. Lo que realmente limpia el cabello es el champú. La función de los dedos es únicamente la de repartir el champú en todo el cuero cabelludo. Por eso, la forma correcta de lavar el cabello es aplicando el champú solo en la raíz y sin subir el resto de la melena a la parte superior de la cabeza (un gesto que, seguro, haces con frecuencia). También es importante, antes de aplicar el champú, mojar el cabello con agua tibia.
- UN PEINE DE PÚAS ANCHAS. Aunque es necesario desenredar el cabello cuando está mojado, es importante recordar que éste es el estado de mayor fragilidad. De ahí que sea fundamental saber elegir el tipo de cepillo a usar. En este momento, se recomienda apostar por peines de púas anchas. Comienza a peinar las puntas y ve subiendo hacia las raíces. Reserva el cepillo (mucho mejor si es de cerdas naturales) para cuando el cabello esté completamente seco.
- ¿CAMBIAR DE CHAMPÚ? Otra creencia popular que puede estar jugándote alguna mala pasada: cambiar de champú “para que el cabello no se acostumbre”. Esta convicción de que el cabello se vuelve inmune a los beneficios de un mismo champú es errónea, la verdad es que no hay evidencia científica que pruebe esta creencia. Si hablamos desde un punto de vista biológico, el pelo (la fibra capilar) no tiene vida, por eso, no duele cuando lo cortamos, y es por esta razón por la que no es posible que se acostumbre a algo. Es sólo la percepción de cómo el cabello responde a un producto conocido o a uno nuevo. Por eso, si te funciona, no lo cambies.
- UN ACEITE, POR FAVOR. Las mascarillas y los acondicionadores ayudan pero, sin duda, los tratamientos que consiguen reparar el cabello sin necesidad de cortarlo son los aceites. Un cabello sano empieza en la raíz. La raíz es la parte más sana del cabello, que se vuelve más deshidratado cuanto más lejos está del cuero cabelludo. El aceite restaura el contenido de cada fibra capilar haciendo que cada una se vuelva translúcida de nuevo, produciendo ese maravilloso brillo que lucen los cabello sanos. ¿El modo de aplicación de los tratamientos en aceite? Dos veces por semana, mechón a mechón y, si puedes, dejándolo actuar de 20 minutos a varias horas. Puedes potenciar su efecto añadiendo alguna fuente de calor como un secador, una envoltura de film o una toalla caliente. ¿Otra alternativa? Embadurnar tu cabello (de medios a puntas) en aceite de oliva, recogerlo en un moño y dejarlo actuar toda la noche. Después, lava con normalidad.
- NO ACLARES DEL TODO. De acuerdo. Damos por hecho que conoces (y practicas) la importancia de aplicarse la mascarilla una o dos veces por semana. Pero puede que lo hagas rápido y sin dejarla actuar el tiempo suficiente. Es importante que, siempre que puedas, la dejes actuar más tiempo del habitual, sobre todo en verano, cuando el cabello está más reseco. ¿Lo recomendable? Entre 5 y 20 minutos. ¿Cómo? Debe hacerse tras el lavado, después de secar el cabello con una toalla y sin desenredarlo, extendiéndola mechón a mechón. Y aplicando calor con un film transparente o con una toalla caliente húmeda. Y si vas a bajar a la playa o ir a la piscina después, apunta otro truco: no te aclares del todo el cabello y deja algo de mascarilla para que haga de barrera e impida que el cloro penetre directamente.
- SABER ELEGIR. La salud de tu cabello depende mucho de la calidad y del tipo de productos que uses. De ahí que sea fundamental saber el estado en el que se encuentra tu cuero cabelludo y tu melena para poder elegir correctamente el champú que necesita. Para saberlo, puedes llevar a cabo una comprobación muy sencilla pero muy eficiente: abre una raya en tu cuero cabelludo y observa su color. Si el color es rosado, está sano (con lo cual puedes usar un champú normal en función del resultado que quieras elegir: más volumen, liso... En cambio, si el cuero cabelludo tiene un color opaco o grisáceo, posiblemente tengas un problema de riego sanguíneo y de cabello seco. Y si es un color amarillento, son indicios de tendencia grasa. Elige en estos dos casos un champú específico para cada problema.
- ¿SEGURO QUE ES GRASO? Tener un cabello fino que con el paso de las horas pierde la frescura del lavado nos puede inducir a error y hacernos pensar que tenemos un cabello graso y utilizar un champú purificante que puede que no necesites. Y es que es bastante habitual confundir la grasa con hiperhidrosis. Pero también es muy simple despejar la duda. ¿Cómo? Poniendo un trocito de pañuelo de papel sobre la raíz para que se impregne. Una vez que se haya secado ese papel, si aparece una mancha amarillenta, es grasa. De no ser así, es un exceso de sudoración, y por tanto, no deberías tratarlo como un exceso de grasa ni usar champús purificantes o específicos para cabello graso.
- EMPIEZA POR LAS PUNTAS. También es sumamente importante la forma en la que desenredas tu cabello en seco al levantarte. Lo ideal es realizar el cepillado completamente seco y con suavidad, empezando por las puntas, siguiendo por los medios y acabando en la raíz. Además, hacer del cepillado un suave masaje para nuestro cuero cabelludo facilita el aporte de nutrientes al bulbo piloso. Notarás que tu cabello se vuelve más brillante y grueso.
- UN SECADOR PROFESIONAL. Aunque uno de los mejores tratamientos que puedes regalar a tu cabello es dejarlo secar al aire, si recurres con frecuencia al secador (uno de los gestos que más deshidratan tu cabello) intenta que sea un secador profesional. La gran diferencia entre un secador no profesional y uno profesional es la potencia. Y es que un secador profesional ayuda a reducir el tiempo de secado, y por tanto, reduce también el daño al que le sometemos.

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